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HISTORIA DE NUESTRO CENTRO


 

El Centro fue creado en 1888 bajo la forma de una mutua de socorros mutuos, con el fín de proporcionar ayuda a los trabajadores manuales procedentes de España.

Unos años más tarde entre 1916 Y 1920, gracias a la fusión de tres asociaciones: “La Unión Ibérica”,” La Paloma-Centro  Español “y “Colonia Española”,  nace el  “Centro español de los Pirineos Orientales “y se consigue la compra de un solar de 626 metros cuadrados. En esos años el empeño y el entusiasmo de los socios, la mayoría procedentes de la provincia de Gerona, el Centro  consiguió la construcción de un edificio de más de 1500 m2 que destaca aún hoy por su altivez de entre los demás edificios que se encuentran en el centro de Perpiñán. Muchas fueron las actividades del centro durante sus primeros años, todas ellas encaminadas a fomentar la cultura y las tradiciones del país vecino.

Pero uno de los períodos más significativos tuvo lugar durante los tres años de la guerra civil. Fue entonces cuando los locales del Centro se convirtieron en residencia-colegio para niños españoles que llegaron a Francia huyendo de la guerra. La directiva estaba entonces presidida por Don Antonio Selva, y asesorada por Don Agustín Sala, maestro nacional de la República. Los socios designaron un comité « Pro-Colonia de Niños Españoles » con representantes en las más importantes localidades del Rosellón a fin de llevar a cabo una campaña de sensibilización y de recaudación de donativos, ropas y alimentos. Los locales del Centro se transformaron en salas de clase, dormitorios, enfermería, cocina, salas de teatro, gimnasio e incluso patio de recreo. Los propios socios llevaron a cabo unas obras de transformación a fin de dar cabida al máximo número de niños. La enseñanza que recibieron todos los niños estuvo fuertemente influida por la enseñanza republicana, los profesores enviados desde España seguían las pautas de la Institución Libre de Enseñanza. Según los documentos del propio Centro un total de 750 niños permanecieron en pensión completa y 1204 recibieron además de una educación, ayuda y alimentos hasta finales de 1939, momento en el que la Dirección General de Evacuación del Ministerio de Trabajo y Asistencia Social del Gobierno de la República tomó parte en esta obra humanitaria. Una única consigna acompañó al Centro durante aquellos años:

 

¡Salvemos a los niños!


El Centro Español sigue siendo, aun hoy en día, este lugar de memoria de un doloroso exilio experimentado por miles de españoles pero también un lugar de memoria  de un puñado de hombres que, bajo el sello de la amistad, fundaron este centro para acoger a  niños exilados, para sostener a estas familias desesperadas que huían del horror de la guerra y darles de nuevo la esperanza de unos días mejores. El Centro era para cada español que se sentía desarraigado un trocito de su lejana tierra natal….

Han transcurrido casi setenta y cinco años y el Centro Español no ha olvidado nada de lo que ha vivido…. Pero fortalecido por su pasado, ha sabido conservar aquel espíritu fraternal y, hoy en día, acoge en su seno a unos 350 socios que vienen a compartir instantes de emoción y de convivencia. A través de sus numerosas actividades artísticas y culturales (espectáculos, danzas, corales, teatro, pintura, costura, bolillos, conferencias y fotos) el Centro  ha sido un espejo de la cultura española y también de todas cuantas nos enriquecen las almas….

El Centro teje vínculos entre las antiguas y las futuras generaciones, es un testigo privilegiado de la historia que, con resolución, dirige su mirada hacia el futuro.

 

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